Reflexiones desde una mirada retrospectiva al proyecto Impacto de las violencias e inseguridad en la vida de las mujeres desde un enfoque de seguridad humana (Honduras)

20.06.2016 | Desde Abajo, Mujeres | POR: OSHM

En el año 2014 el Observatorio de Seguridad Humana de Medellín –OSHM- inició el proceso de acompañamiento para la implementación de la metodología de coproducción de conocimiento en el proyecto “La Seguridad Desde Abajo y su impacto en el cumplimiento de los derechos humanos de las mujeres en el ámbito urbano”, en Honduras. Este planteaba un reto fundamental: el reconocimiento de los saberes y conocimientos locales por parte de las organizaciones sociales, de las investigadoras académicas y de las mismas investigadoras comunitarias que se involucraban en el proceso.

La apuesta fue liderada por Oxfam Honduras, con la ejecución del ejercicio investigativo por parte del Centro de Prevención, Tratamiento y Rehabilitación de las Víctimas de la Tortura y sus familiares -CPTRT-, y el Centro de Estudios de la Mujer Hondureña –CEMH-, así, entre investigadoras académicas de estas organizaciones e investigadoras comunitarias de los territorios donde estas tenían presencia, se realizó la primera investigación bajo la metodología de coproducción de conocimiento con enfoque de seguridad humana desde abajo. Los objetivos que dieron vida a la propuesta se concentraron en determinar los principales factores y situaciones de inseguridad para las mujeres, así como validar  y complementar una agenda de seguridad para estas, que tuvo sus inicios con ONU mujeres y Oxfam a partir de su campaña “Justicia de género” contra los femicidios.

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Introducción

Este documento recoge algunos elementos aportados en el diálogo entre las investigadoras comunitarias e investigadoras de las organizaciones asociadas, para implementar otra de las fases de este proceso de investigación, llamada “Impacto de las violencias e inseguridad en la vida de las mujeres desde un enfoque de seguridad humana”. Todo esto con el propósito de aportar insumos desde la lectura de las asesoras internacionales frente a las expectativas, necesidades y realidades del contexto local en Honduras.

Desde la voz de las mujeres se tiene una evaluación muy positiva de lo que han sido estas dos fases de investigación, las cuales contaron con un componente de formación y diálogo de saberes muy potente, que permitió posicionar en el debate público y en los discursos de las mujeres una forma diferente de leer las realidades frente a algo tan vital como es la seguridad en sus múltiples dimensiones. Así lo expresan ellas al consultarles cómo se llevó a cabo el proceso:

“Desde abajo, desde las comunidades, desde las más afectadas, las mujeres tenemos la capacidad de poder aprender, desde nuestra limitada educación aprendemos (…) El tema de seguridad humana para nosotras es bien nuevecito, es una cosa que se está empezando a comer y la podemos comer todas y todos. Pensaba que esto contempla las políticas públicas y estas no han llegado a las comunidades, empezando por el agua”.

Este punto de vista coincide con el de varias mujeres que consideran que desde el proceso de investigación que se ha adelantado en las 13 colonias del Distrito Central de Tegucigalpa, se está aportando a la construcción de una consciencia colectiva propositiva que, a partir de obtener información, genera propuestas más cercanas a las realidades de las mujeres que sufren a diario la violencia y la inseguridad. Esto es cada vez más claro para ellas y lo asumen como un “re-conocimiento” obtenido en la realización de toda esta apuesta: “Los aprendizajes que hemos tenido con las organizaciones es mayor de la que se tiene en la Universidad y lo puedo ver con mi hija”. Esto significa reconocerse a sí mismas, sus realidades, experiencias y saberes.

Durante la investigación aprendieron a identificar qué situaciones y hechos generan inseguridad, las particularidades del territorio y también qué iniciativas y actividades de la comunidad las pueden contrarrestar.

Otro elemento importante en este punto es que las interacciones sobre la inseguridad y la violencia se convirtieron en momentos de catarsis, “allí se sacaba su frustración y dolor”. Aunque el proceso se concibió como investigativo, tuvo efectos de investigación acción, no solo por su carácter propositivo, sino porque en la interacción misma se producían momentos de desahogo y también se generó mayor confianza entre las mujeres, debido a las experiencias compartidas, no solo de sus situaciones de amenaza e inseguridad, sino de ausencia de servicios y oportunidades.

Estos son avances políticos del proceso que aportan a la construcción de sujetos políticos, que reconocen sus problemas y proponen acciones; asimismo, en tanto diálogo de saberes,  compartir un proceso de formación como el diplomado y la conformación de la propia red les permitió mejorar su capacidad analítica, ese “viaje” intelectual que implica un proceso de reflexión sobre las experiencias vividas y compartidas y que resulta muy valioso a la hora de la coproducción de conocimiento y la construcción de agendas comunitarias. Por otra parte, también aportó en la construcción de alianzas, solidaridad e identidad.

Los logros que se tienen en la actualidad resultan impactantes para estos tres años del proceso y para las dos fases del mismo. Con este documento se pretende, además de generar algunos aportes y reflexiones derivados de nuestra visita en mayo de 2016, contribuir con ideas para discutir con todas las involucradas en el marco de la tercera fase.

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Hacia la tercera fase: unas reflexiones e insumos para la discusión

1. Fortalecer el proceso organizativo de la Red de Investigadoras Comunitarias (IC), en tanto el acompañamiento les permitirá orientar con mayor eficacia su plan de acción para la incidencia e inclusión de las agendas de seguridad de las mujeres, lo que requiere de algunos apuntalamientos institucionales debido a que la Red aún no tiene reconocimiento en los escenarios de toma de decisiones.  Si bien las mujeres se encuentran empoderadas o co-dueñas del proceso, es necesario generar el relacionamiento con otras partes del mismo, reflexionar acerca de cuáles son los elementos que podrían fortalecer la red como un actor propositivo con su propio proceso de deliberación.

2. Por otro lado, en cuanto al acercamiento con la academia, este se hace urgente en la medida en que la corresponsabilidad de la misma podrá generar apoyos y asesorías a largo plazo a la Red de IC, en la medida en que se construya una relación horizontal que coincida con similares intereses políticos. Adicionalmente, porque uno de los compromisos políticos que algunas mujeres manifestaron tener, implica “la multiplicación del conocimiento con otras mujeres”, para lo cual es fundamental contar con un diálogo de saberes que les permita estimar las mejores formas y metodologías de hacerlo, asimismo para refrescar y actualizar los discursos.

En el diálogo con miembros de la academia surgían los siguientes interrogantes: ¿cómo vincularnos en el trabajo con las IC y con la política pública, la cual está obligada a generarnos un clima de seguridad humana?, ¿cómo puede convertirse la coproducción de conocimiento en una herramienta liberadora de la capacidad de verbalizar realidades escondidas que se viven cuando hay violencias crónicas e inseguridades?

Estas cuestiones se pueden abordar desde la experiencia que se ha adelantado en el Observatorio de Seguridad Humana de Medellín, donde precisamente la oportunidad de trabajar de manera colectiva entre academia y comunidad ha permitido tejer los lazos de solidaridad, corresponsabilidad y compromiso, que implican el reconocimiento y la necesidad sentida de una construcción que vaya más allá del carácter científico y se aloje en la esperanza de la transformación de las realidades, situación que no es ajena al contexto latinoamericano.

En este sentido, se propone que las necesidades de las mujeres se vean reflejadas en el diseño de la tercera fase. Asimismo, que se plantee un escenario que involucre a la academia en el plan de acción que están construyendo las mujeres para el proceso de incidencia, lo que implicaría que se puedan realizar talleres donde se presente la experiencia de las dos fases anteriores y el avance que se tiene para el proceso.

​Con esto se pretende que los miembros de la academia, desde su quehacer investigativo y en línea con la misión de extensión universitaria, sean agentes corresponsables de los procesos sociales y asuman compromisos, lo que a futuro aportará a una discusión más amplia y permanente en el proceso de construcción de las políticas públicas, que si bien en su ciclo tienen un sentido participativo, en la práctica sabemos que no se da. De este modo, la articulación con la academia, como instancia que se tiene en cuenta tanto en la implementación de diagnósticos como en las lecturas mismas y recomendaciones frente a las problemáticas sociales, generará un mayor apalancamiento de las propuestas comunitarias. No obstante, esta propuesta implica grandes retos derivados de las diferencias entre el saber popular y el “estatus” que le imprime la academia a sus investigadores, lo que podría generar tensiones entre ambos: académicos y comunitarios.

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3. Teniendo como resultado la creación de políticas públicas coherentes con las realidades territoriales, es decir, que permitan captar las experiencias diferenciadas de los grupos poblacionales (lo que facilita la creación de agendas desde las comunidades, incluso la visibilización y potenciación de sus agendas –cuando estas ya existen pero no están sistematizadas-). Esto se podría dar también en un proceso de sistematización de la propia experiencia que posibilite, a través de la consolidación de lo construido en las fases anteriores, generar la réplica en otros territorios y con otros actores, y de igual manera hacer un seguimiento a lo realizado, pasando de la etapa y capacidad investigativa adquirida a la articulación de agendas de las IC en relación a sus propias comunidades y entorno de ciudad y de país.

4. Esta fase podrá ser amplia en su incidencia si logra involucrar a distintos actores para una causa común, que será la inclusión de las agendas de seguridad de las mujeres o que por lo menos se les tenga en cuenta en los espacios de toma de decisiones para posicionarlas. Adicionalmente, se podrán generar discusiones frente a los diferentes impactos de cara a los problemas de inseguridad que de forma particular afectan a actores públicos y a las mismas comunidades, con lo que se podrá ir creando mayor sensibilización y construcción de aliados para la incidencia (por ejemplo foros y salidas territoriales a las comunidadades).

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