¿Cuál es el papel del arte en los procesos de reconciliación?

20.09.2018 | | POR: Luisa Fernanda Toro Gonzalez

¿Cuál es el papel del arte en los procesos de reconciliación?

La pregunta por el papel del arte en los procesos de reconciliación guió el espacio de conversación propiciado por el Museo Casa de la Memoria entre tres de las propuestas ganadoras de su convocatoria de estímulos para el arte y la cultura 2018, línea “Arte y reconciliación”: "A ritmo del alma" de la Corporación Proyectarte, "Laboratorio de cocina" de Casa Tres Patios y nuestro Laboratorio itinerante creativo de gestión de conflictos, "Nómada Lab", en el marco de la 12 Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

El arte como herramienta y el cuerpo como instrumento que lo vivencia, ha sido el eje central de Nómada Lab, cada encuentro dispone desde el movimiento y la acción la presencia de los participantes. Partimos de la necesidad de pasar por la experiencia, las relaciones y sus formas, conceptos como conflicto, territorio e identidad. Configurándose así lenguajes narrativos desde la subjetividad y lo colectivo que permiten acercarnos al otro, restablecer confianzas y, por tanto, generar espacios de conversación, de miradas y de sentires, necesarios para empezar a significar espacios de reconciliación en la cotidianidad de los jóvenes de la Ciudadela Nuevo Occidente, pasando sin duda por la deconstrucción de imaginarios de violencias y la instalación de otros referentes de convivencia y paz.

Encontramos como lenguajes comunes la idea por indagar desde la experiencia en torno a temas referidos al territorio, la migración, el perdón y la reconciliación. Así pues, los sabores, las recetas, la forma de cocinar, los acuerdos colectivos a los que se deben llegar para poder comer, el encuentro entre víctimas y victimarios desde el latir del corazón en un mismo ritmo que les permite verse desde su humanidad y, finalmente, la escucha como acuerdo y proceso para entendernos y construir con el otro, se constituyen en caminos de cruce entre estas propuestas que le apuestan a la vida, a la alegría, al diálogo y, sobre todo, a la necesidad de que los participantes de nuestros procesos aprendan a verse como cómplices y compañeros y no como enemigos.

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