El castigo se ejerce mucho y se piensa poco (análisis)

02.04.2021 | | POR: Luis Felipe Dávila

Castigar con más severidad se traduce en enfocar el esfuerzo penal en los mismos sospechosos de siempre: los marginales, lo que han sido etiquetados como peligrosos. El caso de los delitos sexuales seguramente plantea otras connotaciones que ameritan ser revisar en profundidad, empero, abrir la compuerta del aumento punitivo para un tipo de delito implica abrirla para todos los delitos.

El debate nacional durante el mes de marzo ha estado centrado en el castigo: como ejercerlo, como aumentarlo, como expandirlo. Este mes nos hemos despertamos a varios debates que parecen ser muy nuestros, pero que en realidad son muy poco originales y, además, muy peligrosos. El primero tiene que ver con el proyecto de ley que busca aumentar la pena para los delitos sexuales cometidos sobre los menores, y entrar al club de los países que dictan cadena perpetua, lo cual implica cambiar la Constitución Nacional y desbarajustar todo el sistema penal por un clamor populista que busca reafirmar el “derecho penal expresivo”. Quizá mañana será el debate por la pena de muerte, o la castración química, como lo estuvo haciendo Perú hace poco.

El segundo debate tiene que ver con la legalización del porte de armas, de cara a los hechos presentados en las últimas semanas, en los cuales los medios de comunicación nos presentaron un par de hechos delictivos en los que murió un policial y varios individuos. Sin embargo, armar ciudadanos privilegiados y temerosos, poner a circular más armas de fuego en las ciudades y promover la justicia por mano propia, es desde todo punto vista una mala propuesta. Es un eco del ala más radical del Partido Republicano de los Estados Unidos, resonando mal y tarde en nuestro país. Allá, donde surge esa propuesta, es donde a cada rato, uno de esos “ciudadanos de bien” se arma y hace una masacre como la que muestra Michel Moore en Bowling for Columbine, (película ganadora del Oscar en 2002), o las dos acontecidas esta semana 17 y 23 de marzo con un total de 18 personas muertas.

El tercero, pretende ponerles la etiqueta de criminales a los migrantes venezolanos. Ellos son los culpables del aumento de la criminalidad, a ellos hay que castigarlos, supervisarlos, expulsarlos. Esta novedad discursiva no es nada más que una imitación de los gruñidos del saliente Trump y de las expresiones de poder del Chile actual, que también se ha empeñado en expulsa y satanizar a los extranjeros. Las cifras de ciudadanos venezolanos procesados penalmente no les dan la razón. Que un ciudadano extranjero asesine a un policía, no quiere decir que el problema sean los extranjeros. De igual manera, que un par de hurtos se realicen en moto, no quiere decir que todos los que se transportan en motocicleta sean ladrones.

Son muchos los criminólogos que han escrito sus tratados mostrándonos que la humanidad se encuentra en un gran momento punitivo (David Garland, Löic Wacquant, Didier Fassin, entre otros). Hemos seguido la senda del norte global en cuanto al aumento del castigo, y también en cuanto a su análisis. Nuestra creatividad, en cuanto a este punto, ha sido copiar; tanto el fenómeno como sus críticas. Salvo un grupo de colegas latinoamericanos encabezados por el criminólogo argentino Máximo Sozzo, que han planteado el debate del giro punitivo para el sur global, el fenómeno ha sido poco explorado en estas latitudes. Se puede afirmar que el castigo se ejerce mucho y se piensa poco.

Castigar emerge como la pasión actual. Pan y Castigo en lugar de pan y circo. El Castigo/especáculo como una especie de pornografía, como un show para el disfrute de unos y malestar de otros, donde muchas veces no es tan fácil elegir el papel que se debe interpretar en esta apuesta teatral de la vida. En los Estados Unidos y en Reino Unido esta tendencia ha asumido el nombre de "Giro punitivo", y tiene sentido, ellos giraron, cambiaron... de una cosmovisión centrada en el "welfarismo penal", en el cual la resocialización eera la piedra angular, a otra, donde la premisa es que los individuos no cambian y lo único que queda es castigarlos.

Este giro punitivo tiene implicaciones en la triada del control social: policía-juez-prisión. En cuanto a la policía; el giro se tradujo en la importación de las teorías de "Tolerancia cero", "Guerra contra el delito", aumento policial y video vigilancia, en una a la rama judicial, sus manifestaciones mas concretas son las reducciones de subrogados penales, el aumento de penas, y la implementación de los sistemas penales de corte acusatorio, o como lo llama un amigo: "la Macdonalización de la jusiticia". En el plano de la prisión su manifestación mas palpable tiene que ver con la creación de prisiones de máxima seguridad y, por supuesto, el aumento de los individuos privados de la libertad (con o sin sentencia). Este aumento del castigo no establece una relación directamente proporcional con el aumento del delito. Castigamos más, aunque las cifras del crimen no crecen a esa misma velocidad, de hecho, algunos indicadores se han reducido drásticamente; por ejemplo, el homicidio.

 

En América Latina esta tendencia se ve en las cifras de Brasil y El Salvador con mayor fuerza (de 70 en 1990 a 357 por 100.000 habitantes en 2020, el primero y, de 112 a 566, el segundo), toda vez que quintuplicaron sus tasas de encarcelamiento en tres décadas. El resto de la región ha seguido la tendencia del norte global al pie de la letra, pero sin tanto ahínco. Gobiernos de izquierda como el del Frente amplio en Uruguay, o la Venezuela de Chávez y Maduro han girado drásticamente hacia la punición. Asimismo, gobiernos de derecha, como el Brasil de Bolsonaro, que continuó con la tendencia al alza de sus predecesores de izquierda. Por otro lado, Colombia pasó de una tasa de 96 a 204 en similar periodo. Tanto la derecha como la izquierda latinoamericana han incursionado en el giro punitivo.

Sin embargo, nosotros (Colombia) no hemos dado un giro, toda vez que esto implicaría un cambiar de lugar. Nosotros hemos intensificado la punición sin haber hecho un serio programa de resocialización. Seguramente los colegas abogados indicaran que el actual Código Penal en su artículo 4 habla de la función de la pena como resocialización. Pero ¿más allá del enunciado legal que ha pasado? Hemos girado hacia la punitividad, sin realmente girar.

 

Fuente: El Espectador

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